No soy una mujer hermosa, de esas que encandilan a los hombres con una mirada, pero mis piernas son largas y esbeltas para recorrer grandes distancias y huir de las flechas de los hombres. Mi pelo es de fuego para no sucumbir nunca ante la sombra, para estar siempre rodeada de luz. Mi orgullo es como la roca, duro e inquebrantable, para que pase lo que pase, digan lo que digan, yo me mantenga fría y serena. Mis labios son de acero para impedirme sentir el calor de un beso y evitar vivir esclava de esa sensación que corrompe y encadena; para no vivir buscando insaciable en cada esquina al hombre que me entregó su calor. Mis ojos son trozos de infinito en los que guardo mis sueños como un tesoro escondido. Solo a ellos, a mis ojos, les permito brillar. Pero jamás permitiré a un hombre mirar a través de ellos.
Cuando piense en ti sentiré el calor, pero tu sólo verás en mí frío. Me acariciará con ese terrible deseo enganchado en las llamas ardientes y voraces, pero a tus ojos no ocurrirá nada, no notarás que las llamas me devoran convirtiéndome en ceniza. Sólo verás indiferencia. Y tras esa indiferencia fingida, no serás capaz de ver nada. No leerás en mis ojos, pero no porque no sepas, sino porque no querrás asomarte y ver la tragedia tras ellos.
Cuando piense en ti sentiré el calor, pero tu sólo verás en mí frío. Me acariciará con ese terrible deseo enganchado en las llamas ardientes y voraces, pero a tus ojos no ocurrirá nada, no notarás que las llamas me devoran convirtiéndome en ceniza. Sólo verás indiferencia. Y tras esa indiferencia fingida, no serás capaz de ver nada. No leerás en mis ojos, pero no porque no sepas, sino porque no querrás asomarte y ver la tragedia tras ellos.
Blandirás tu espada de la ignorancia, y cerrarás los ojos para no volver a verme más. Para no volver a amarme en secreto nunca. Darás media vuelta como si no pasase nada, como si no lo hubiéramos perdido todo y sonreirás, sarcástico. Una luz quedará encendida siempre en ti, esa luz que será la única que no te traerá calor en los días oscuros, sino que traerá la sombra y amargos recuerdos de nostalgia; esa luz que intentarás apagar día a día, pero que no acabará por extinguirse. Se perderá en tu recuerdo, pero volverá cada otoño a rondar tu memoria... Y seguirás sin atreverte a hacerla caso. Te volverás sordo y ciego.
Y yo me moriré mientras tú siquiera sabes que me voy pudriendo poco a poco por dentro.
O al menos, si lo ves, nunca te atreverás a decir nada, porque yo te prohibí pronunciar palabra alguna.