Desencantada es quizás la palabra perfecta.
Batir de las olas contra un nuevo muro que separa dos partes de un mismo mar.
Un muro que hace un tiempo no estaba, pero que se ha ido creando a base de ladrillos en forma de palabras, cemento en forma de tensiones y presiones, argamasa con dos nombres suspendidos en el aire.
Lo siento, nunca quise que se erigiera un muro apaciguador. Nos desencanta a los dos.
Derríbalo. Derribémoslo.