Hoy siento que estoy perdida.
De repente he perdido mi ancla, mi brújula, he olvidado mirarme al
espejo y saber quién soy.
Sólo soy una niña confusa, en busca de un sueño, en busca
de algo grande que rellene esta mierda de vacío que parece colarse siempre
entre mis frustraciones. Cansada de mentiras, cansada de juegos, cansada del tira y
afloja de siempre.
Hoy me he dado cuenta de que he perdido de vista mi luz
del norte, mi estrella polar, aquella por la que solía guiarme. Hoy no hay camino que andar, hoy todos los pasos
pesan como nunca. O bueno, quizá solo sea un paso, ese escalón que tanto se me
enreda. Ese que me desestabiliza por completo. Ese escalón sobre el que no me
atrevo a poner el peso de mi cuerpo por miedo a que no sea lo suficientemente
fuerte para sostenerme y se rompa.
No me gusta ir a la deriva. Quizá en otra situación me
encantaría ir sin rumbo, a la deriva, sin norte ni sur ni brújula que me lo
indique, sólo dejándome llevar por el viento. Pero esta vez quizá necesite un
poco de coherencia en mi vida, un poco de sentido para saber en qué parte del
mapa de mi vida me encuentro.
Sólo quiero tener las cosas claras… Mirarme al espejo y
que no me haga falta preguntarme quién narices soy.