martes, 10 de enero de 2012

Ya puestos...

Escribamos y sintámonos muertos.
Vamos a mover los dedos enlazados en un lápiz, pero dejemos que a nuestra vida le entre polvo, que las cuerdas que nos unen a todo y todos se desgasten y rompan...
Tirémonos entonces ahora al vacío a ver qué pasa... Y lloremos mientras lo hacemos, pero sin tener razón específica, creyendo que no sabemos por qué salen... ¡Hagámoslo!
Y quitémonos las ropas, que ahí abajo donde caeremos seguro que hará frío y no nos interesa abrigarnos para resistir...
Y pasemos frío y abrámonos la piel, partamos nuestro cuerpo en dos y metamos dentro un papel con guarrerías y gilipolleces escritas, y calentémoslo con el poco calor que aún nos queda dentro antes de llegar abajo, a aquello incierto pero oscuro a lo que nos estamos entregando deseosos, para que lo que hemos escrito crezca dentro de nosotros...
¡Y dejemos que fluya todo! Digamos mentiras, escupámonos los unos a los otros y luego cortémonos el pelo... Reflejémonos en los ojos de los demás a modo de espejo para ver nuestra imagen nítida y putrefacta...
¡Pero sonriamos! Sonriamos ante lo esperpéntico y miremos nuestros pies, y después recorramos nuestro cuerpo, y parémonos en nuestros corazones... Mirémoslo fijamente y contemos hasta tres para hacerlo explotar con el pensamiento, explotemos esto que nos mueve y nos determina, esta máquina que nos daba este poco calor que teníamos dentro. ¡Qué más da! Hagámoslo y sintamos esas cosquillitas cuando lo explotemos en pedazos de risas histéricas y sentimientos confundidos.
Y después mirémonos y digamos en alto:
- Y ahora, ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?

Y alguien, que todo lo habrá visto, contestará:
- Nada, tristeza y mugre en un desierto de soledad.