Me siento perdida, desolada, angustiada.
No sé en qué momento mi mecanismo de movimiento empezó a fallar. No sé en qué momento la seguridad se tomó unas vacaciones indefinidas y me dejó sola ante la multitud de decisiones y problemas que afrontar.
No sé desde cuándo me siento tan sumamente pequeña y vulnerable que no me apetece respirar muy alto por no despertar a más monstruos de debajo de mi cama.
Solo quiero estar en paz, poder dormir por las noches. Que cuando cierre los ojos, el cerebro se apague también y me deje de recordar todo lo que tengo encima.
No puedo con esto. Solo quiero volver a sentirme una niña, volver a sentirme viva y tenerlo todo claro. Y que por las noches, cuando vengan los monstruos, cerrar los ojos y taparme con la manta hasta la nariz sirva para hacerlos a todos trizas.
Solo quiero ser feliz.
jueves, 26 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Mujeres de ojos grandes
"La tía Leonor tenía el ombligo más perfecto que se haya visto. Un pequeño punto hundido justo en la mitad de su vientre planísimo. Tenía una espalda pecosa y unas caderas redondas y firmes, como los jarros en que tomaba agua cuando era niña. Tenía los hombros suavemente alzados, caminaba despacio, como sobre un alambre. Quienes la vieron cuentan que sus piernas eran largas y doradas, que el vello de su pubis era un mechón rojizo y altanero, que fue imposible mirarle la cintura sin desearla entera. "
lunes, 9 de abril de 2012
Disculpas de papel rojo
Trazo una línea con el dedo para posteriormente desdoblarla con los ojos.
Miro el polvo acumulado en un cuaderno, paso el dedo y frunzo el ceño ante el paso del tiempo perdido.
"Sofí, no pierdas así el tiempo, eso sí que es un desperdicio... Pierde el tiempo en pintar y bailar!" , me digo a menudo.
Hoy se me ha ocurrido una cosa: besar mi cuaderno olvidado. He ido a por mi pintalabios más rojo, me he encendido los labios y, abriendo lentamente el cuaderno y acariciando cada hoja, le he plantado un beso en la esquina inferior derecha de las cinco primeras hojas que me he encontrado. (Me encanta dejar besos en las hojas que me gustan y verlos de vez en cuando, como recuerdo, tiempo después).
Al terminar, he sentido una desbordante sensación de satisfacción, escapándome incluso una sonrisa.
He tenido la ligera sensación de que el cuaderno se ha llegado a ruborizar, silencioso.
Creo que ha debido gustarle mi disculpa de tintes rojizos.
Miro el polvo acumulado en un cuaderno, paso el dedo y frunzo el ceño ante el paso del tiempo perdido.
"Sofí, no pierdas así el tiempo, eso sí que es un desperdicio... Pierde el tiempo en pintar y bailar!" , me digo a menudo.
Hoy se me ha ocurrido una cosa: besar mi cuaderno olvidado. He ido a por mi pintalabios más rojo, me he encendido los labios y, abriendo lentamente el cuaderno y acariciando cada hoja, le he plantado un beso en la esquina inferior derecha de las cinco primeras hojas que me he encontrado. (Me encanta dejar besos en las hojas que me gustan y verlos de vez en cuando, como recuerdo, tiempo después).
Al terminar, he sentido una desbordante sensación de satisfacción, escapándome incluso una sonrisa.
He tenido la ligera sensación de que el cuaderno se ha llegado a ruborizar, silencioso.
Creo que ha debido gustarle mi disculpa de tintes rojizos.
viernes, 6 de abril de 2012
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