Desencantada es quizás la palabra perfecta.
Batir de las olas contra un nuevo muro que separa dos partes de un mismo mar.
Un muro que hace un tiempo no estaba, pero que se ha ido creando a base de ladrillos en forma de palabras, cemento en forma de tensiones y presiones, argamasa con dos nombres suspendidos en el aire.
Lo siento, nunca quise que se erigiera un muro apaciguador. Nos desencanta a los dos.
Derríbalo. Derribémoslo.
sábado, 11 de febrero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
Ya puestos...
Escribamos y sintámonos muertos.
Vamos a mover los dedos enlazados en un lápiz, pero dejemos que a nuestra vida le entre polvo, que las cuerdas que nos unen a todo y todos se desgasten y rompan...
Tirémonos entonces ahora al vacío a ver qué pasa... Y lloremos mientras lo hacemos, pero sin tener razón específica, creyendo que no sabemos por qué salen... ¡Hagámoslo!
Y quitémonos las ropas, que ahí abajo donde caeremos seguro que hará frío y no nos interesa abrigarnos para resistir...
Y pasemos frío y abrámonos la piel, partamos nuestro cuerpo en dos y metamos dentro un papel con guarrerías y gilipolleces escritas, y calentémoslo con el poco calor que aún nos queda dentro antes de llegar abajo, a aquello incierto pero oscuro a lo que nos estamos entregando deseosos, para que lo que hemos escrito crezca dentro de nosotros...
¡Y dejemos que fluya todo! Digamos mentiras, escupámonos los unos a los otros y luego cortémonos el pelo... Reflejémonos en los ojos de los demás a modo de espejo para ver nuestra imagen nítida y putrefacta...
¡Pero sonriamos! Sonriamos ante lo esperpéntico y miremos nuestros pies, y después recorramos nuestro cuerpo, y parémonos en nuestros corazones... Mirémoslo fijamente y contemos hasta tres para hacerlo explotar con el pensamiento, explotemos esto que nos mueve y nos determina, esta máquina que nos daba este poco calor que teníamos dentro. ¡Qué más da! Hagámoslo y sintamos esas cosquillitas cuando lo explotemos en pedazos de risas histéricas y sentimientos confundidos.
Y después mirémonos y digamos en alto:
- Y ahora, ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?
Y alguien, que todo lo habrá visto, contestará:
- Nada, tristeza y mugre en un desierto de soledad.
Vamos a mover los dedos enlazados en un lápiz, pero dejemos que a nuestra vida le entre polvo, que las cuerdas que nos unen a todo y todos se desgasten y rompan...
Tirémonos entonces ahora al vacío a ver qué pasa... Y lloremos mientras lo hacemos, pero sin tener razón específica, creyendo que no sabemos por qué salen... ¡Hagámoslo!
Y quitémonos las ropas, que ahí abajo donde caeremos seguro que hará frío y no nos interesa abrigarnos para resistir...
Y pasemos frío y abrámonos la piel, partamos nuestro cuerpo en dos y metamos dentro un papel con guarrerías y gilipolleces escritas, y calentémoslo con el poco calor que aún nos queda dentro antes de llegar abajo, a aquello incierto pero oscuro a lo que nos estamos entregando deseosos, para que lo que hemos escrito crezca dentro de nosotros...
¡Y dejemos que fluya todo! Digamos mentiras, escupámonos los unos a los otros y luego cortémonos el pelo... Reflejémonos en los ojos de los demás a modo de espejo para ver nuestra imagen nítida y putrefacta...
¡Pero sonriamos! Sonriamos ante lo esperpéntico y miremos nuestros pies, y después recorramos nuestro cuerpo, y parémonos en nuestros corazones... Mirémoslo fijamente y contemos hasta tres para hacerlo explotar con el pensamiento, explotemos esto que nos mueve y nos determina, esta máquina que nos daba este poco calor que teníamos dentro. ¡Qué más da! Hagámoslo y sintamos esas cosquillitas cuando lo explotemos en pedazos de risas histéricas y sentimientos confundidos.
Y después mirémonos y digamos en alto:
- Y ahora, ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?
Y alguien, que todo lo habrá visto, contestará:
- Nada, tristeza y mugre en un desierto de soledad.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Disfraz de Victoria
No soy una mujer hermosa, de esas que encandilan a los hombres con una mirada, pero mis piernas son largas y esbeltas para recorrer grandes distancias y huir de las flechas de los hombres. Mi pelo es de fuego para no sucumbir nunca ante la sombra, para estar siempre rodeada de luz. Mi orgullo es como la roca, duro e inquebrantable, para que pase lo que pase, digan lo que digan, yo me mantenga fría y serena. Mis labios son de acero para impedirme sentir el calor de un beso y evitar vivir esclava de esa sensación que corrompe y encadena; para no vivir buscando insaciable en cada esquina al hombre que me entregó su calor. Mis ojos son trozos de infinito en los que guardo mis sueños como un tesoro escondido. Solo a ellos, a mis ojos, les permito brillar. Pero jamás permitiré a un hombre mirar a través de ellos.
Cuando piense en ti sentiré el calor, pero tu sólo verás en mí frío. Me acariciará con ese terrible deseo enganchado en las llamas ardientes y voraces, pero a tus ojos no ocurrirá nada, no notarás que las llamas me devoran convirtiéndome en ceniza. Sólo verás indiferencia. Y tras esa indiferencia fingida, no serás capaz de ver nada. No leerás en mis ojos, pero no porque no sepas, sino porque no querrás asomarte y ver la tragedia tras ellos.
Cuando piense en ti sentiré el calor, pero tu sólo verás en mí frío. Me acariciará con ese terrible deseo enganchado en las llamas ardientes y voraces, pero a tus ojos no ocurrirá nada, no notarás que las llamas me devoran convirtiéndome en ceniza. Sólo verás indiferencia. Y tras esa indiferencia fingida, no serás capaz de ver nada. No leerás en mis ojos, pero no porque no sepas, sino porque no querrás asomarte y ver la tragedia tras ellos.
Blandirás tu espada de la ignorancia, y cerrarás los ojos para no volver a verme más. Para no volver a amarme en secreto nunca. Darás media vuelta como si no pasase nada, como si no lo hubiéramos perdido todo y sonreirás, sarcástico. Una luz quedará encendida siempre en ti, esa luz que será la única que no te traerá calor en los días oscuros, sino que traerá la sombra y amargos recuerdos de nostalgia; esa luz que intentarás apagar día a día, pero que no acabará por extinguirse. Se perderá en tu recuerdo, pero volverá cada otoño a rondar tu memoria... Y seguirás sin atreverte a hacerla caso. Te volverás sordo y ciego.
Y yo me moriré mientras tú siquiera sabes que me voy pudriendo poco a poco por dentro.
O al menos, si lo ves, nunca te atreverás a decir nada, porque yo te prohibí pronunciar palabra alguna.
jueves, 13 de octubre de 2011
Nada ni nadie
Me siento impotente.
Nuevamente veo la luz que me calienta por dentro. Aquel resplandor que hace que nunca me sienta sola. Siento dulzura, ternura... Tengo el corazón como el terciopelo, con su nombre bordado con seda..
Pero pese a eso, me siento impotente porque la gente de mi alrededor no ve lo que se está perdiendo. No ve esa dulzura, no siente calor en su interior. Están perdidos en un abismo en el que se han acostumbrado a vivir. Como los cromañones de las cavernas.
Me da rabia. Me da rabia que no sueñen, que no les dejen sonreír, que se sientan atados. Me gustaría que se sintieran libres y vieran que el abismo es la única opción abocada al fracaso.
No estáis solos. No estás sola. Tú puedes salir del barro en el que estás metida. Solo tienes que tirar, y una vez fuera, correr muy lejos de ese lugar.
No te dejes arrastrar, que nada te apague esa sonrisa. Nada, ni nadie.
Nadie merece robar una sonrisa que no le pertenece.
lunes, 3 de octubre de 2011
Suave, soft
Tus ojos.
Tus ojos es la parte de tu cuerpo que se me antoja más exquisita. La parte con la que me comprometo a perderme; a perderme en esa oscuridad brillante que todo lo esconde y todo lo revela.
Trocitos de noche en forma de canica.
Éxtasis oscuro de brillante transparencia.
Acuarelas en forma de abismos.
Deseos hechos órbitas.
Decidido. Tus ojos son mi estrella.
Tus ojos es la parte de tu cuerpo que se me antoja más exquisita. La parte con la que me comprometo a perderme; a perderme en esa oscuridad brillante que todo lo esconde y todo lo revela.
Trocitos de noche en forma de canica.
Éxtasis oscuro de brillante transparencia.
Acuarelas en forma de abismos.
Deseos hechos órbitas.
Decidido. Tus ojos son mi estrella.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
¡Abra kadabra!
Hoy algo ha ocurrido. No sé muy bien definirlo, pero noto de nuevo mis alas. Me noto diferente.
Cierto que no las noto como siempre, ya que tengo que acostumbrame a ellas, pero ahora vuelo y ya levanto los pies del suelo.
No puedo volver atrás, pero agradeceré siempre esa presencia que nunca se ha ido del todo. Doy las gracias por estar ahí. Por devolverme calor con palabras. Devolverme las ganas de seguir avanzando y la fuerza para seguir batiendo las alas contra los vientos del norte.
Te guardo a mi lado. En mi caja de nácar, en mi cielo nuboso, en mi Otoño anaranjado.
Gracias.
Cierto que no las noto como siempre, ya que tengo que acostumbrame a ellas, pero ahora vuelo y ya levanto los pies del suelo.
No puedo volver atrás, pero agradeceré siempre esa presencia que nunca se ha ido del todo. Doy las gracias por estar ahí. Por devolverme calor con palabras. Devolverme las ganas de seguir avanzando y la fuerza para seguir batiendo las alas contra los vientos del norte.
Te guardo a mi lado. En mi caja de nácar, en mi cielo nuboso, en mi Otoño anaranjado.
Gracias.
martes, 13 de septiembre de 2011
Insecto en un cristal
Abre el escaparate para que todo el mundo pueda ver el interior.
Qué más da, no hay nada que esconder.
La fragilidad de un cristal se ha convertido en mi forma de vida. Ahora todo parece más difícil, más pesado, más desgarrador. El batir de alas de una mariposa se me antoja un huracán, y me dejo llevar por ese torbellino de vientos y persecuciones.
No, todo es cuestión de aguantar. Aguantar los vientos que me tienen mareada y me sacuden de aquí para allá. Aguantar aferrada a ese gran pilar que me sostiene con sus brazos inquebrantables, incondicionalmente.
Un día aprenderé a volar, y los vientos solo me harán cosquillas en la piel mientras me impulsan más arriba.
Pero ahora me apetece descansar. Dejar de sentirme un pequeño insecto aplastado contra un cristal.
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