“Tú que eras más libre que los sueños, tú que no tenías
dueños más allá de los deseos...”
A ti, que te gusta la lluvia sobre los hombros y la
mirada perdida en las estrellas. A ti, a quien el viento revuelve el pelo para
sacarte una sonrisa, a quien el sol convierte los rizos en guirnaldas de luz.
Tú, que sueñas cada día bajo las nubes, imaginando que
vuelas como los pájaros, que viajas con las nubes alrededor del mundo; que
recreas todo lo que leíste en los cuentos que te contaron cuando eras niña para
vivir tu propia historia, para construir tu propio camino.
A ti, que a veces te da miedo ser mayor por si dejas de
sentirte una niña; que a veces se te inunda la frente de mariposas negras
cuando te fallan las fuerzas y te sientes sola y extraña, ajena a todo; cuando
no puedes hacer frente a la nostalgia…
Tú, que lo tienes todo por delante… No le temas a nada.
No tengas miedo de brillar como una estrella, de
adentrarte en lo desconocido, de bailar hasta que el cuerpo aguante, de pasar
las noches perdida entre las risas, las calles y la gente, y de llegar a casa
con los primeros rayos de sol y el sueño pisándote los talones.
Que no te asuste ser salvaje y vivir rápido. No dudes
ante la inmensa cantidad de misterios que te esperan detrás de cada esquina, esperando
que los desentrañes o que quizá nunca lo hagas…
Sueña, vive, jamás te arrepientas de nada.
Y sobre todo, pon siempre tu corazón en todo lo que
hagas.

