jueves, 13 de octubre de 2011

Nada ni nadie

Me siento impotente.
Nuevamente veo la luz que me calienta por dentro. Aquel resplandor que hace que nunca me sienta sola. Siento dulzura, ternura... Tengo el corazón como el terciopelo, con su nombre bordado con seda..
Pero pese a eso, me siento impotente porque la gente de mi alrededor no ve lo que se está perdiendo. No ve esa dulzura, no siente calor en su interior. Están perdidos en un abismo en el que se han acostumbrado a vivir. Como los cromañones de las cavernas.
Me da rabia. Me da rabia que no sueñen, que no les dejen sonreír, que se sientan atados. Me gustaría que se sintieran libres y vieran que el abismo es la única opción abocada al fracaso.
No estáis solos. No estás sola. Tú puedes salir del barro en el que estás metida. Solo tienes que tirar, y una vez fuera, correr muy lejos de ese lugar.
No te dejes arrastrar, que nada te apague esa sonrisa. Nada, ni nadie.

Nadie merece robar una sonrisa que no le pertenece.

lunes, 3 de octubre de 2011

Suave, soft

Tus ojos.
Tus ojos es la parte de tu cuerpo que se me antoja más exquisita. La parte con la que me comprometo a perderme; a perderme en esa oscuridad brillante que todo lo esconde y todo lo revela.
Trocitos de noche en forma de canica.
Éxtasis oscuro de brillante transparencia.
Acuarelas en forma de abismos.
Deseos hechos órbitas.

Decidido. Tus ojos son mi estrella.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡Abra kadabra!

Hoy algo ha ocurrido. No sé muy bien definirlo, pero noto de nuevo mis alas. Me noto diferente.
Cierto que no las noto como siempre, ya que tengo que acostumbrame a ellas, pero ahora vuelo y ya levanto los pies del suelo.
No puedo volver atrás, pero agradeceré siempre esa presencia que nunca se ha ido del todo. Doy las gracias por estar ahí. Por devolverme calor con palabras. Devolverme las ganas de seguir avanzando y la fuerza para seguir batiendo las alas contra los vientos del norte.

Te guardo a mi lado. En mi caja de nácar, en mi cielo nuboso, en mi Otoño anaranjado.
Gracias.

martes, 13 de septiembre de 2011

Insecto en un cristal

Abre el escaparate para que todo el mundo pueda ver el interior.
Qué más da, no hay nada que esconder.

La fragilidad de un cristal se ha convertido en mi forma de vida. Ahora todo parece más difícil, más pesado, más desgarrador. El batir de alas de una mariposa se me antoja un huracán, y me dejo llevar por ese torbellino de vientos y persecuciones.
No, todo es cuestión de aguantar. Aguantar los vientos que me tienen mareada y me sacuden de aquí para allá. Aguantar aferrada a ese gran pilar que me sostiene con sus brazos inquebrantables, incondicionalmente.
Un día aprenderé a volar, y los vientos solo me harán cosquillas en la piel mientras me impulsan más arriba.
Pero ahora me apetece descansar. Dejar de sentirme un pequeño insecto aplastado contra un cristal.

lunes, 29 de agosto de 2011

Esquivar

Chapotea y grita. Nadie puede decirte nada. Deja que te corra la lluvia por el cuerpo y llora porque piensas  que estás harta.

El bestial sonido del que se da cuenta de que su error causará un antes y un después y que, después de todo, él no hizo nada para cambiarlo. Lamentarse es fácil, pero no lo correcto. Todo tuvo su momento y él lo dejó marchar, como si nada importase, como si así todo fuese a volver a su cauce normal.
Error.

Angustia y desesperación, todo sale y explota. Uno siente y grita, pero en realidad lleva un rato en silencio. Reviento corazones rosados arrugados como si fueran pompas de aire. No hay sitio para situaciones imposibles, es hora de decir adiós esquivando las balas. Este es mi turno y yo decido por dónde no voy a caminar.

No te dejes engatusar, que no te engañen. Este es su círculo y su espectáculo, y tú la actriz estrella. Vete y lánzate, no caigas en la red. Abre los ojos, todo es decorado, nada palpable.
La bomba apunto de explotar y el tic tac de un reloj...

... ¡BOOM!

domingo, 21 de agosto de 2011

¡Basta!

Corazón palpitante y pelo despeinado. Desaliño, ojeras. Ya todo poco importa.
No quiero estar guapa para nadie. No me gustan los nervios en el estómago de una adolescente.
No quiero mirarme en los escaparates ni darme cuenta por la calle de que los hombres me miran al pasar.

Instinto de fuego, alas al viento. Estoy cansada del mismo círculo de palabras enjauladas.
¡Dejadme en paz! No intentéis quitarme las alas para hacerme llevarlas en la mano.
Allí donde pretendéis que vaya, está prohibido volar.

Grita

Sentarme y leer, es todo constancia.
Parpadeos, pisadas, latidos, respiraciones. ¿A dónde quiero llegar?
A la pregunta que no existe, aquella que ya ha muerto. ¿Puede recuperarse el tiempo perdido?
El mundo calla, y yo giro sobre mí misma.
¿El camino acabará detrás de cada giro? ¿O sólo me espera la náusea? Después de todo, el mundo es un nudo en la garganta mientras yo le rasgo las cuerdas para oír su voz. ¿Dónde dejé la mía?
En el trastero, donde los rayos de luz no llegan.

Y todo este balbuceo, ¿para qué? ¿qué se me atraganta? ¿Qué quiero decir?
Añoro esa necesidad, esa emoción imperiosa de aprovechar cada momento.
Lo veo ahora todo más estrecho. El paso en falso está cerca. ¿Dónde está la luz?

Ayúdame Mus, vienen los demonios.