miércoles, 28 de marzo de 2012

Puta

Es complicado.
La monotonía es una cruel bestia que te despelleja las ilusiones. Las devora.
Yo tendría muchas con las que alimentarla, pero no quiero darle ese placer. Quizás ahora se está dando un festín en mi honor, pero desde luego que esto no va a acabar así. Con cada cambio, la haré pequeña.
Y no voy a dejar de creer, de soñar. Oh no, claro que no. Tengo hecha una lista de cosas que quiero hacer y pienso hacer todas las que me quedan por tachar.

No vas a poder conmigo, perra.

martes, 13 de marzo de 2012

Cárcel de Abundancias

Desde luego, hay veces en las que quedarse callado es la mejor respuesta.

Pero por desgracia, mi garganta nunca fue un almacén de palabras no dichas, ni una cárcel, ni un ataúd. Mi lengua nunca ha sido conformista o silenciosa.
Así que si esperas que me calle, vas listo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Papeles viejos

¿Por qué siempre parece que el tiempo pasado fue mejor?
Posicionándonos en el susodicho momento, seguramente tampoco éramos del todo felices. ¿Qué cambia entonces? ¿Qué hace que todo el mundo, echando una vista al pasado, piense que eran momentos más felices que los actuales?
Supongo que el no tener algo que crees o que sabes que antes tenías. Cuando uno ha perdido lo que tenía, lo echa de menos. No lo valoraba en el pasado como lo valora ahora. Acude el remordimiento y el famoso "y si.." y dejamos vagar a nuestra mente por un mundo que nunca existió y que estaba destinado a no hacerlo.
No debemos vagar tanto por un camino fantasma, pero reconozco que es difícil no hacerlo. Sobre todo porque a veces uno sonríe recordando buenos momentos. Yo, de hecho, suelo hacerlo de vez en cuando.

Pero es cansado echar la mirada atrás, asomarse al pasado y echar un vistazo, corriendo el peligro de quedar atrapado en él. Me va a entrar tortícolis de tanto mirar, así que debería de dejar de hacerlo, al menos de manera frecuente.

O aceptar que viviré siempre con una contractura cervical.

¡BOOM!

Noto que me ahogo en un vaso de cristal. ¿O realmente estoy en mitad de la tormenta, en un mar del que nadie ha regresado? Yo qué sé.
Lo que sé es que estoy agobiada, estoy estoy cansada. ¿De qué? Creo que de muchas cosas. O a lo mejor no de tantas, pero al menos de las que estoy hasta los cojones son lo suficientemente grandes. Me agota.

Tengo ganas de cambiar algo de manera radical. Cortarme el pelo, irme lejos, gritar hasta no poder más.
Ah, y también quiero una máquina del tiempo, a ser posible. Si alguien conoce de alguna tienda donde las vendan, por favor, que me avise.
Me apetece esconderme en un poco en los buenos tiempos.

Arg.

sábado, 11 de febrero de 2012

Desencantos

Desencantada es quizás la palabra perfecta.
Batir de las olas contra un nuevo muro que separa dos partes de un mismo mar.
Un muro que hace un tiempo no estaba, pero que se ha ido creando a base de ladrillos en forma de palabras, cemento en forma de tensiones y presiones, argamasa con dos nombres suspendidos en el aire.

Lo siento, nunca quise que se erigiera un muro apaciguador. Nos desencanta a los dos.
Derríbalo. Derribémoslo.

martes, 10 de enero de 2012

Ya puestos...

Escribamos y sintámonos muertos.
Vamos a mover los dedos enlazados en un lápiz, pero dejemos que a nuestra vida le entre polvo, que las cuerdas que nos unen a todo y todos se desgasten y rompan...
Tirémonos entonces ahora al vacío a ver qué pasa... Y lloremos mientras lo hacemos, pero sin tener razón específica, creyendo que no sabemos por qué salen... ¡Hagámoslo!
Y quitémonos las ropas, que ahí abajo donde caeremos seguro que hará frío y no nos interesa abrigarnos para resistir...
Y pasemos frío y abrámonos la piel, partamos nuestro cuerpo en dos y metamos dentro un papel con guarrerías y gilipolleces escritas, y calentémoslo con el poco calor que aún nos queda dentro antes de llegar abajo, a aquello incierto pero oscuro a lo que nos estamos entregando deseosos, para que lo que hemos escrito crezca dentro de nosotros...
¡Y dejemos que fluya todo! Digamos mentiras, escupámonos los unos a los otros y luego cortémonos el pelo... Reflejémonos en los ojos de los demás a modo de espejo para ver nuestra imagen nítida y putrefacta...
¡Pero sonriamos! Sonriamos ante lo esperpéntico y miremos nuestros pies, y después recorramos nuestro cuerpo, y parémonos en nuestros corazones... Mirémoslo fijamente y contemos hasta tres para hacerlo explotar con el pensamiento, explotemos esto que nos mueve y nos determina, esta máquina que nos daba este poco calor que teníamos dentro. ¡Qué más da! Hagámoslo y sintamos esas cosquillitas cuando lo explotemos en pedazos de risas histéricas y sentimientos confundidos.
Y después mirémonos y digamos en alto:
- Y ahora, ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?

Y alguien, que todo lo habrá visto, contestará:
- Nada, tristeza y mugre en un desierto de soledad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Disfraz de Victoria

No soy una mujer hermosa, de esas que encandilan a los hombres con una mirada, pero mis piernas son largas y esbeltas para recorrer grandes distancias y huir de las flechas de los hombres. Mi pelo es de fuego para no sucumbir nunca ante la sombra, para estar siempre rodeada de luz. Mi orgullo es como la roca, duro e inquebrantable, para que pase lo que pase, digan lo que digan, yo me mantenga fría y serena. Mis labios son de acero para impedirme sentir el calor de un beso y evitar vivir esclava de esa sensación que corrompe y encadena; para no vivir buscando insaciable en cada esquina al hombre que me entregó su calor. Mis ojos son trozos de infinito en los que guardo mis sueños como un tesoro escondido. Solo a ellos, a mis ojos, les permito brillar. Pero jamás permitiré a un hombre mirar a través de ellos.

Cuando piense en ti sentiré el calor, pero tu sólo verás en mí frío. Me acariciará con ese terrible deseo enganchado en las llamas ardientes y voraces, pero a tus ojos no ocurrirá nada, no notarás que las llamas me devoran convirtiéndome en ceniza. Sólo verás indiferencia. Y tras esa indiferencia fingida, no serás capaz de ver nada. No leerás en mis ojos, pero no porque no sepas, sino porque no querrás asomarte y ver la tragedia tras ellos.
Blandirás tu espada de la ignorancia, y cerrarás los ojos para no volver a verme más. Para no volver a amarme en secreto nunca. Darás media vuelta como si no pasase nada, como si no lo hubiéramos perdido todo y sonreirás, sarcástico. Una luz quedará encendida siempre en ti, esa luz que será la única que no te traerá calor en los días oscuros, sino que traerá la sombra y amargos recuerdos de nostalgia; esa luz que intentarás apagar día a día, pero que no acabará por extinguirse. Se perderá en tu recuerdo, pero volverá cada otoño a rondar tu memoria... Y seguirás sin atreverte a hacerla caso. Te volverás sordo y ciego.
Y yo me moriré mientras tú siquiera sabes que me voy pudriendo poco a poco por dentro.

O al menos, si lo ves, nunca te atreverás a decir nada, porque yo te prohibí pronunciar palabra alguna.