miércoles, 23 de julio de 2014

Suéltalo, Croacia.

Y vuelve ya, que se te echa de menos. Que estás muy lejos. Que te tengo miedo. Que no me gustas a distancia. Que me asusta, que no me da tiempo a atarme los cordones por si tengo que salir corriendo. Huyendo o a buscarte.

Vuelve ya, joder. Que las ganas ya no me dan para más noches. Que tengo tu recuerdo entre las piernas. Que necesito devorarte, fumarte como si del último cigarrillo se tratara. La última raya de coca que nos devuelva al mundo de yupi.
Ven, que quiero envolverte entre mis piernas y sentirte bien profundo. Que quiero darte besos que dejen marca. Que quiero tu marca justo a la altura del corazón.

Y que sigas haciendo eso que me haces entre beso y beso, entre una embestida y la siguiente. Eso de acariciarme la cara y mirarme a los ojos como si quisieras confesarme mil cosas que nunca me dirás. Eso de traspasarme y decírmelo todo sin palabras. Eso de volverme el chichi pepsi cola con una mirada. Eso de conectar mientras llegamos al nirvana.

Corre ven, y ya quédate. Que Croacia sabe cuidarse sola.

martes, 24 de junio de 2014

Mi sexo de tu risa

Que sólo quiero colmarte, llegar a la cima de todos tus orgasmos, que a cada uno de ellos le pongas mi nombre.
Que me busques, que me bebas. Que me tires del pelo, que me sonrías entre la hierba.

Porque el Metro no sería Metro sin ti. Sin sentirte a mi espalda, sin reprimirme las ganas de, en cada curva, caer sobre ti (accidentalmente). Y que me cojas a tiempo, justo antes de tocar el suelo, y me digas que soy la niña más bonita de todo Madrid, aunque sea mentira.

Porque quiero que seas mi territorio libre. Gritarte, gemirte. Que ninguna de esas lagartas de curvas insinuantes y labios con veneno de fresa me quiten lo que me he ido ganando a pulso. La tierra que con sudor conquisto. Que ninguna elimine mi olor de vainilla en tu piel, que tanto me cuesta cultivar. Que cada arañazo en tu geografía sea mío, y que le corresponda un mordisco desesperado. Que sólo sea mi nombre el que te apetezca. Por lo demás, eres totalmente libre. De elevarme las caderas siempre que te empujen las ganas y de desaparecer del mapa cuando nos agotemos el uno al otro. Que yo también necesito respirar mi propio aire sin que todo huela a ti.
Ese es el trato.

Quiero ser tus ganas. Ese donut de chocolate después de una noche de sexo amazónico y desenfrenado. Ese beso suave que delata los sentimientos.
Ser princesa en tu reino sin rey, y proclamarte rey sin corona. Sin ley que dicte cómo debemos sentirnos. Porque eso sí: quiero sentirte suave y violento, sin reglas. No quiero leyes que me delimiten, nos delimiten. Armaduras del tamaño de gigantes, Goliat adoptando tu nombre.
Que yo soy amazona del viento, pleno oleaje. Y en cuanto delimites tus fronteras, me esfumo. Si me cortas las alas te muerdo. Si te vuelves rutina, huiré tan lejos como pueda.

Así que déjame ser verano, y lloverte como el monzón, y enseñarte mi valle escondido, y ser esos segundos antes de tu orgasmo, y pelearte los besos, discutirte las ganas, arrebatarte mi nombre, quedarme embobada mirando tus ojos.
Que la piel se me convierte en chocolate al contacto con un beso… Y sé que eres un vicioso del chocolate.

Vamos a perdernos en el metro, que las curvas del trayecto nos acerquen, que los tropiezos accidentales ocurran, que se penetren nuestras ganas y nazcan besos con corriente eléctrica que pongan de punta los pelos de la nuca, que cosquilleen los dedos de los pies.

Porque hasta las ganas son efímeras y yo necesito sentirte y explorarte como si no hubiera un mañana, porque realmente solo existe un hoy.

Y hoy es todos los días.

domingo, 8 de junio de 2014

Quizases

Supongo que no es fácil tomar decisiones. O quizá lo que no sea fácil es saber exactamente qué queremos o qué sentimos, para poder entonces tomar una decisión acorde.

Creo que precisamente ahí reside mi problema. Tengo sentimientos encontrados. Tengo todo tipo de maravillosas y desesperantes contradicciones.
Sé que a veces las cosas no son simplemente blanco o negro, pero encontrar el tono exacto de gris en el que te encuentras es una auténtica misión imposible.
Quizás simplemente esté intentando seguir creyendo en algo que me decepciona una y otra vez. Quizá intento hacer que funcione algo que no está hecho para funcionar. Quizá sólo estoy pensando demasiado en algo a lo que le tengo que dar la oportunidad de ir saliendo solo. Quizá estoy siendo un poco impaciente.
Quizá, quizá.

No lo sé. Sólo sé que no estoy segura de nada. Porque lo único que sé es que quiero tener la mente tranquila, estar contenta y no pensar en nada. Y eso me está costando más trabajo del que creía.
Quizá él no tenga ninguna boca de caramelo. Ni un descapotable rojo con el que llevarme a soñar. Ni las ganas ni la paciencia para sentirmeme. Ni las manos hechas para tocarme. Ni el tiempo para gastarlo conmigo.

Quizá en el fondo sí sé en qué tono exacto de gris me encuentro, sólo que no me atrevo a tomar una decisión al respecto por todo lo que ello implicaría. Por todo lo que voy a perder.

Y quizá estoy ligeramente enganchada a esa sensación como para dejarlo todo marchar.


viernes, 9 de mayo de 2014

Batallas de Chocolate

 Me gusta observarle cuando no me mira, cuando está distraído haciendo otras cosas. Sobre todo me gusta observarle cuando vuelve a vestirse después de haberle quitado la ropa a zarpazos tiempo antes. Quizá podría decirse que me concentro más en sus manos, que por algo que aún no sé bien cómo explicar tienen algo misterioso que me encanta.

Meticuloso, se arregla. Se viste, se peina, se echa colonia. Entra en el cuarto de baño como un auténtico tarzán sudoroso y sale todo bien vestido y perfumado, como un señor. Y camina despacio, sin prisa. Se mueve como si el tiempo no corriera para él, como si él lo tuviera cogido por los bigotes, como si él tuviera el mando.
Cuando entra en la habitación me hago la sueca, disimulo y me pongo a observar la habitación, en la que realmente hay poco que observar.

-          ¿En qué pensabas? – me dice.
-          En chocolate – le digo mientras sonrío.
-          ¿Tienes hambre? Puedo mirar si aún queda algo de chocolate, aunque ya sabes que en mi casa no dura ni un día.
-          No, no tengo esa clase de hambre. No pensaba precisamente en ese chocolate.
-          ¿Entonces?

Sin prisa, me levanto y en dos pasos reduzco la distancia entre nosotros a cero. Le apoyo contra la pared y le planto uno de esos besos que llevan en ellos toda la doble intención del mundo.

-          Anda para, que como sigas así me caliento otra vez y ya la hemos liado… - me dice.
-          Vamos a ver chaval, ¿es que no estoy dejando suficientemente claro que vengo buscando guerra y que quiero que me la líes parda?

Se ríe en mitad del beso, inspira fuerte y como si levantase una pluma me coge y me lleva en dos segundos al sitio donde más me gusta tenerle bien cerca: la cama.


Y vaya si la liamos parda. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Niebla

Hoy siento que estoy perdida.
De repente he perdido mi ancla, mi brújula, he olvidado mirarme al espejo y saber quién soy.
Sólo soy una niña confusa, en busca de un sueño, en busca de algo grande que rellene esta mierda de vacío que parece colarse siempre entre mis frustraciones. Cansada de mentiras, cansada de juegos, cansada del tira y afloja de siempre.
Hoy me he dado cuenta de que he perdido de vista mi luz del norte, mi estrella polar, aquella por la que solía guiarme. Hoy no hay camino que andar, hoy todos los pasos pesan como nunca. O bueno, quizá solo sea un paso, ese escalón que tanto se me enreda. Ese que me desestabiliza por completo. Ese escalón sobre el que no me atrevo a poner el peso de mi cuerpo por miedo a que no sea lo suficientemente fuerte para sostenerme y se rompa.

No me gusta ir a la deriva. Quizá en otra situación me encantaría ir sin rumbo, a la deriva, sin norte ni sur ni brújula que me lo indique, sólo dejándome llevar por el viento. Pero esta vez quizá necesite un poco de coherencia en mi vida, un poco de sentido para saber en qué parte del mapa de mi vida me encuentro.


Sólo quiero tener las cosas claras… Mirarme al espejo y que no me haga falta preguntarme quién narices soy.

viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Sólo Personajes?

Él es el interrogante, eso está claro. Pero, ¿y la pregunta?
No tengo ganas de decepciones, sólo quiero besos. Besos que no me lleven directa al desastre de siempre, a la situación de pérdida. No quiero promesas de cuentos que aún están por escribirse, ni paseos por la playa que nunca existirán, ni desayunos a base de darse bocados, ni ojos que se miran y hablan por sí solos.

Este cuento sé que lo escribo yo sola pero, ¿en qué parte apareces tú? ¿En la de los besos o la de los tortazos? ¿En la de las perdices o los destierros?

Sé que nunca prometiste nada, que siempre has sido muy claro, que nunca prometiste un cuento de hadas. Sé que soy yo, que me adelanto a los hechos, que imagino un guión de adversidades y aventuras pero de final feliz para no pensar en que puede darte por marcharte, en que puedes decir de un momento a otro que esto no es un cuento y que el juego se acabó, sin que a mi me haya dado tiempo a cansarme de ti, ni de todo esto. Necesito pensar en un guión para creer en él, para coger esperanza, para convencerme y convencerte de que vale la pena seguir imaginando, sólo por si se convierte en realidad.

Pero también hay algo cierto. Y es que hasta ahora tú tampoco te has opuesto a nada, ni te has quitado el disfraz de héroe, ni te has cansado del cuento... Y es por eso sigues siendo el interrogante.
Pero dime, si tu eres el interrogante, ¿Cuál es entonces la pregunta?


(Sshhh... No la digas en alto).

miércoles, 31 de julio de 2013

Absolutamente nada más

"Quiero, para empezar
que quiera y pueda estar jodiendo todo un día,
Que me de bocados en el culo para que me ría
y cachetes en el olvido, para que no olvide.
Quiero que me haga sitio en sus bolsillos
y me lleve a la reunión más aburrida de la mañana,
que me meta mano imaginaria y me lo cuente.
Quiero que se revuelva la ropa y las ideas cuando me oiga que llego
porque crea que así me gusta más,
que me sonría y se ponga serio con igual intensidad,
que le guiñe un ojo a mis amigos,
y me diga que él también va a proteger a mi hermana.
Quiero que me cuide del sol si me da miedo,
emborracharme con él como una cuba,
que sepa todos mis secretos menos uno,
que le guste dormirse agarrado a una de mis tetas,
que me tire de la coleta hacia atrás y me diga:
"te voy a violar, so perra"
para acto seguido cogerme al vuelo
y curarme la herida que tengo justo en la mitad de la vida.
Quiero que sueñe conmigo
y me llame para decirme que ha leído no sé qué cosa en no sé qué sitio,
que sepa discutirme.
También quiero que se largue de vez en cuando
y alguna que otra vez, que no me haga ni caso
para limarme caprichos y pucheros.
Que me diga en susurros cuando llueve:
"¿Qué tienes, bonita, no estés triste, quieres ir a hacer el loco un rato?
Que adore mis abrazos y mis silencios,
que se desviva con mis defectos,
que me huela la piel.
Quiero que me quiera tanto como yo me quiero
y si puede, más y mejor.
Que me desvalije lo vulnerable
y lo ponga en una casa de empeños
y con lo que saque nos compre un cuento de final feliz
de dos al precio de uno.

Quiero estrellas fugaces, borracheras a pares, noches en vela
quiero que me abrace y que le duela.

A cambio él ya sabe lo que hay."

Tic tac toc toc, de Isabel Mellado.