Echaba de menos aquello que había dejado de sentir.
Aquello que inhalaba en casa inspiración como si fuera el oxígeno que daba
cuerda a mi cuerpo. Recuperé una parte de mi misma perdida en aquellos pasillos
que no me atreví a cruzar, me enfrenté a los dragones que dejé de imaginar y
fui en pos de aquel arco iris que siempre se me había antojado lejano e
imposible.
Quizá me di la oportunidad de seguir con los pasos que
dejé a medias, de terminar de ser ese medio fantasma que vagaba buscando la
inspiración adecuada, la decisión correcta, la valentía suficiente. El punto
exacto en el que uno se para a mirar qué es lo que quiere verdaderamente en su
vida. Ese sueño que siempre se repite pero que nunca se hace realidad. Esa
indecisión constante, ese baúl lleno de insatisfacciones que nunca se quedaba
vacío. La llamada de auxilio que nunca se atrevió a salir de mi garganta.
Era hora de empezar de cero.
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